6 razones por qué conectarse activamente con la Iglesia.

La Biblia ofrece muchas razones convincentes por las que cada creyente debe comprometerse y hacer la obra del ministerio.

1. La iglesia nos identifica como verdaderos creyentes

Somos llamados a ser discípulos de Jesucristo

No puedo afirmar que soy seguidor de Jesucristo si no estoy comprometido con ningún cuerpo de discípulos. Jesús dijo: «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros» (Juan 13:35).

Cuando nos unimos en amor como una familia que es la iglesia, de diferentes nacionalidades, razas y niveles sociales, es un testimonio para el mundo perdido. Ningún creyente puede ser cuerpo de Cristo por sí mismo. Necesitamos a otros para cumplir completamente el propósito que Dios nos ha dado. Es cuando estamos juntos, no cuando estamos separados, que somos su cuerpo.

2. La iglesia nos saca del aislamiento.

La iglesia local es la escuela divina para aprender a llevarse bien con la familia de Dios. Es un laboratorio para practicar el amor Ágape desinteresado y sin preferencias.

Como discípulos, aprendemos a preocuparnos por los demás y a compartir nuestras experiencias con otros: “De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan”. (I de Corintios 12:26). Solo mediante el contacto regular con discípulos comunes e imperfectos podemos aprender la verdadera comunión y experimentar la verdad del Evangelio de Jesucristo de estar conectados y depender unos de otros.

El compañerismo bíblico es estar tan comprometidos unos con otros como lo estamos con Jesucristo. Dios espera que demos nuestras vidas el uno por el otro. Muchos cristianos que conocen Juan 3:16 desconocen I de Juan 3:16: “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos”.

No es una invitación a morir físicamente por otros, pero si a morir en nuestro ego, y desarrollar ese tipo de amor sacrificial hacia otros de la misma manera como Jesús nos ama a nosotros.

3. La iglesia nos ayuda a desarrollar madurez espiritual.

Nadie llegará a la madurez solo por asistir a los servicios de adoración y ser un espectador pasivo. Sólo la participación en la vida completa de una iglesia local construye madurez espiritual. La Biblia dice: «De quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor«. (Efesios 4:16).

Más de 50 veces en el Nuevo Testamento se usa la frase “uno a otro” o “unos a otros”. Se nos manda a amarnos, animarnos, amonestarnos, saludarnos, servirnos, enseñarnos, aceptarnos, honrarnos, llevarnos las cargas, perdonarnos, someternos, dedicarnos y orar unos por otros, y muchas otras tareas recíprocas. Estas son las «responsabilidades» que Dios espera que cada creyente cumpla a través de una iglesia local. ¡Es la manera bíblica de ser un verdadero discípulo de Jesucristo!

4. La iglesia nos necesita.

Dios tiene una tarea única para cada creyente en su iglesia. Esto se llama «ministerio», y Dios nos ha dado un don para poder cumplir esta tarea: «Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho«. (I de Corintios 12:7).

La iglesia local es el lugar que Dios diseñó para que sus hijos descubran, desarrollen y usen sus dones. Incluso aquellos con un ministerio más amplio deben entender que su primera responsabilidad es con la iglesia local. Jesús no prometió edificar el ministerio de nadie; Él prometió edificar su iglesia.

5. La iglesia nos permite compartir nuestra fe con el mundo.

Cuando Jesús caminó por la tierra, uso su humanidad para ejercer su ministerio terrenal; hoy en día El usa su cuerpo espiritual. La iglesia es el vehículo de Dios en la tierra. No solo debemos modelar el amor de Dios amándonos unos a otros; tenemos que contagiar con ese amor al resto del mundo.

Es un privilegio increíble que como miembros de su cuerpo, seamos sus manos, sus pies, sus ojos y su corazón. Él trabaja a través de nosotros en el mundo. Por esto cada uno de nosotros tiene una tarea que hacer que nadie más la puede realizar.

Pablo nos dice: «Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas«. (Efesios 2:10).

6. La iglesia nos ayudará a evitar el fracaso moral.

Sin importar el nivel o el cargo, nadie es inmune a la tentación y a la caída. Por esto, El nos ha asignado como individuos la responsabilidad de mantenernos en el camino. La Biblia dice: “Antes exhortaos los unos a los otros cada día… para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado» (Hebreos 3:13).

Somos llamados y ordenados a participar en las vidas de los demás.

Si usted conoce a alguien que en este momento está desconectado espiritualmente, es su responsabilidad alcanzarlo y traerlo a casa. Santiago nos dice: «Si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados”. (Santiago 5:19). En otras palabras “no lo descartes, ve y búscalo”.

Otro beneficio de una iglesia local es que también proporciona la protección espiritual por parte de los líderes o ministros locales. Dios nos da la responsabilidad de proteger, alimentar, defender y cuidar el bienestar espiritual de su rebaño. En Hebreos 13:17 se nos dice que nuestra tarea es velar por sus almas, porque somos responsables ante Dios.

Satanás se aprovecha de los creyentes desconectados de la iglesia, aislados de la familia de Dios y no responsables ante los líderes espirituales, porque sabe que están indefensos e impotentes ante sus tácticas. La vida cristiana es más que un simple compromiso con Cristo; incluye un compromiso con otros cristianos.

Debemos recordar a los que llenan nuestros edificios cada fin de semana que unirse activamente a la iglesia local es el siguiente paso natural después de declarar la fe en Jesucristo. Nos convertimos en creyentes comprometiéndonos con Jesucristo, pero nos convertimos en discípulos comprometiéndonos con una iglesia local. La primera decisión trae salvación; la segunda trae crecimiento y realización.

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